Publicidad:
La Coctelera

Intento de blog

Categoría: Historias de bar

Historias de bar - Tres a la vez

Llegué el jueves pasado a currar al bar a las 22.30, mi hora de entrar después del descansito para la ducha y la cena, y mi hermano (mi jefe) me dice que un rato antes había llegado un vecino del barrio (me dice quien es pero yo no lo diré aquí por respeto) y me cuenta que estaba totalmente borracho, 'siego como una perra', y es raro ya que el chaval es formal, no es el típico problemático que tenemos fichado en todos los bares del pueblo ni mucho menos.

En fin, que me extraña que este hombre, un jueves cualquiera, se dedique a deambular de bar en bar en este plan. La intención de mi hermano era prevenirme (ya que él se iba a su casa para dormir) de que, si volvía a aparecer por allí el susodicho, no le sirviera más copas ya que iba demasiado pasado, hechito, 'cargaíto como pa dar dos viajes'.

Mi hermano se sale de la barra y me quedo dentro solo, él se toma una cañita con algunos clientes (amigos la mayoría) y comentan la triunfal entrada que tuvo nuestro protagonista en el bar un rato antes de que yo llegara. Entró tropezando y se le veía venir, pero mi hermano estaba preparando unas tapas y no vio bien el estado en el que venía, de modo que (como tiene fama de ser un tío formal) le sirvió su J&B. Escuchando esta conversación también me enteré de que se había ido con su pelotazo pero sin pagar la copa que había pedido en nuestra humilde casa.

Por lo visto, y lo contaré como una certeza ya que el final de la historia no me da otra explicación, tras irse sin pagar de nuestro bar se fue a otro que hay un poco más arriba, en una calle peatonal muy estrecha en la que hay tres bares en menos de 15 metros lineales, dos de ellos a la izquierda y otro a la derecha. El señor entró al de la derecha (La Judería) y realizó la misma operación que en el mío: entrada triunfal, J&B, le da tres sorbos y se va sin pagar.

Sale por la puerta y se cuela justo en el bar de enfrente (el Plaza Mayor), uno de los dos que hay a la izquierda de la calle... entrada triunfal y J&B. Aquí aparco su deambular de momento y regreso a la situación en mi bar.

Mi hermano acaba su caña y se despide de los conocidos, buenas noches y tal, se va.
A los cinco minutos vuelve y procede a relatar a los parroquianos la aventura que le ha pasado de camino a su casa. Él tiene que pasar por esa calle de los tres bares para llegar a ella, al pasar por el pequeño tramo en el que están los tres bares observó una extraña situación, ahí se lo caló.
Resulta que a su paso entraba un apresurado Ramón (el dueño de La Judería) en el Plaza Mayor, mi hermano se olió el tema y también entró. A todo esto el alcohólico protagonista estaba sacando la cartera para pagar la que se estaba tomando, pero cuál fue su sorpresa al encontrarse allí al camarero del primer bar (mi hermano) y al del segundo (Ramón) que también querían cobrar lo que era suyo.

Pagó las tres copas sin problemas, a cada uno la suya, supongo que disculpandose. Y supongo también que lo de irse sin pagar no lo hizo con mala intención sino que se debía a su desmejorado estado de conciencia, estado que propició el tan comentado olvido.

Nada grave, simplemente una circunstancia atípica y creo que graciosa, ya que no es normal ver a tres camareros de diferentes bares cobrándole a un mismo señor en el mismo bar.

Historias de bar - 'El Tribu'

La política... tema 'importante' donde los haya, tema del que me gusta hablar y al cual le dedico la mayoría de los textos que publico aquí. Ciertamente me parece un asunto que da mucho juego, que genera opiniones dispares y que, como no podía ser de otra manera, me gusta, me atrae y me interesa. Por eso, claro está, hablo aquí tanto de estos asuntos, intento leer la prensa a diario y casi siempre suele haber algo que comentar pero por desgracia no todos los días tengo un rato para echar un ojo al periódico ni tampoco para escribir aquí una nueva entrada sobre algún tema en concreto. Tampoco tengo demasiado tiempo para contestar a todas las entradas que publicáis los que me leéis, os aseguro que cuando tengo un rato echo un vistazo a vuestros nuevos textos pero no siempre tengo tiempo para escribiros algún comentario, os pido mil disculpas por ello.

Y no tengo tiempo para todo esto por una razón muy sencilla: soy un currante. Aún no me ha tocado la Primitiva y me dedico a echar unas pocas de horas diarias tras la barra del bar de mi hermano, en el cual llevo trabajando 11 años.

Es un bar pequeño, abierto unas 18 ó 20 horas al día y en el cual trabajamos tres personas actualmente. Por la mañana: desayunos; al mediodía: vino, cañitas y tapas; por la tarde: café; tarde-noche: más vino, cerveza, tapas y copas; noches de fin de semana: gente joven de cubateo; domingos: fútbol. En definitiva: todoterreno.

Esto, que veo que se ha alargado más de lo que yo esperaba, pretendía ser una pequeña introducción a la historia que voy a contar ahora, porque como imaginaréis en un bar pasan casos y cosas dignos/as de mención y sobre los/las cuales me he decidido a contaros alguna anécdota que publicaré cuando pueda para descansar un poco de esa afición que tengo de comparar noticias publicadas en diferentes medios y de criticar a la derecha.

La semana pasada me ocurrió este caso, una chorradita que me hizo mucha gracia, me reí mucho con él, con Tiburcio.
Éste señor, cuyo peculiar nombre se adapta perfectamente al estereotipo de persona que os imagináis al escuchar un nombre así, es repartidor de bombonas de butano, no es demasiado alto, tampoco bajo, es regordete, fuertote como debe ser con la profesión que tiene, con unas gruesas gafas, buena persona y bebedor de ginebra Larios, es llamado 'Tribu' por sus conocidos y compañeros de trabajo. Eso se debe a que la incorrección de confundir el nombre Tiburcio con Triburcio está muy extendida e, incluso los que saben que su apócope correcto sería 'Tibu', también insisten en llamarle, a propósito y a sabiendas de que es un error, 'Tribu'... sin mala intención, eso sí, sino con cariño, porque (aunque lo conozco poco) me da la sensación de que este hombre no tiene enemigos.

Total... siete y pico de la tarde, llega el tal recién duchado, dispuesto a echar un rato tranquilo tras su dura jornada laboral, entra él solo al bar (normalmente viene con algún compañero repartidor, hoy no) y le digo:
No quiero abusar de malescribir en andaluz, solo alguna cosilla, pero me gustaría que os imaginárais nuestro diálogo con acento cordobés, claro.
- Tibu, buenas - Yo no le digo 'Tribu' porque no tengo tanta confianza con él como para llegar a ese punto.
- Buenas - me contesta - un Larios Cola.
- Enga!
Vaso de tubo, hielo, sin rodajita de limón, botella de Larios, chorreón... sé cómo lo quiere.
- Está bien así de Larios?
- Ya va bien, voy cerca.
- Vale.

Coca Cola, ffshssss... me suelta un billete de diez euros encima de la barra, lo cojo...
- Dame la vuelta en monedas - también lo sabía porque suele echar la vuelta a la tragaperras.
- Bien.
Me giro y voy a la caja, marco 2'20€, meto el billete de diez y le doy su cambio en monedas...
- Tibu, ahí tienes... gracias.
Todo normal hasta aquí pero la cosa es que, aunque yo sabía desde hace tiempo cómo se llama, casi nunca me había dirigido a él por su nombre, por Tibu, hasta este día porque, como suele venir acompañado (como he dicho antes), yo me suelo dirigir a ellos en plural, no individualmente. Y aquí viene el caso, el chiste, la respuesta que me dió tras escucharme llamarle por su apócope correcto, no como la mayoría de los que se dirigen a él.
Así que, a continuación, tras mi anterior frase, me contesta:
- Eres el único que me dice bien mi nombre.
- Y eso?
- Pues que nadie sabe bien cómo se dice mi nombre, pero vaya... que tengo el mejor nombre que se puede tener.
- Por qué?
- Que por qué? Je... tú te das un día una vuelta por el cementerio y miras a ver cuantos ves allí con mi nombre, será por algo, no?